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Diamantes de laboratorio

El mismo diamante. Otro origen.

Un diamante de laboratorio es un diamante real: el mismo carbono, la misma estructura cristalina, la misma dureza, la misma forma de devolver la luz. Lo que cambia es dónde se formó —en un laboratorio y no en una mina— y el precio, por eso la piedra a su alcance suele ser más grande.

Cómo se cultiva

Los diamantes de laboratorio se cultivan por uno de dos métodos: CVD, en el que el carbono se deposita capa a capa sobre una semilla de diamante, y HPHT, que reproduce la presión y el calor del interior de la tierra. Ambos producen diamante, no una imitación como la moissanita o la circonita. Elegimos cada piedra por su graduación, no por su método.

Graduado como cualquier diamante

Cada piedra está graduada por un laboratorio independiente —IGI o GIA— y viene con su certificado, así que las cuatro C quedan por escrito y no solo descritas.

¿Se nota la diferencia?

Ni a simple vista ni con la lupa de un joyero. Solo los equipos de laboratorio pueden identificar el origen, y por eso lo indica el certificado.

Con honestidad sobre el valor

Un diamante de laboratorio se compra para llevarlo, no como inversión: su precio sigue los costes de producción, no la escasez de las minas. Lo que obtiene es una piedra más grande y mejor graduada por el mismo presupuesto.

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